La piel

Calzado y deporte

Pie diabético

Valoración del pie del niño

child-footEl niño al nacer presenta un pie no preparado para soportar carga y con un tejido esquelético en fase de formación, así como un estado muscular y neurológico inmaduros.

Teniendo en cuenta que el feto se ha formado en una cavidad, y por tanto sometido a lo que podíamos llamar moldeo uterino, en ausencia de gravedad, nos podremos encontrar desviaciones y desorientaciones de ejes y articulaciones (varismos, pronaciones, torsiones…) que deben ser interpretadas escrupulosamente, así como evaluadas en fases sucesivas para conocer sus posibles variaciones.

Cuando nace el niño, en términos generales refleja la postura en que se ha formado, pero sus ejes anatómicos van sufriendo unos cambios orientativos en los que influyen además de un patrón genético, unos mecanismos externos derivados de la práctica de movimientos o posiciones que lo van reorientado espacialmente y preparándolo poco a poco para soportar carga, y más tarde para caminar. Estas posiciones tienen influencia en la forma y amplitud de las articulaciones así como en el eje de las diáfisis óseas, que están regidas por unas leyes de desarrollo ,mediante las que la práctica de movimientos y posturas, es decir compresiones y tracciones, remodelan y orientan a las superficies articulares ,por lo que es obvia su participación directa en el futuro esquema muscular y óseo.

Nos encontramos por tanto en una fase del desarrollo músculo-esquelético fundamental, ya que si existen mecanismos externos superiores en intensidad o tiempo a la propia capacidad de remodelación, serán agentes que interferirán en su proceso evolutivo normal, al actuar a modo de” férulas” que mantienen un esquema postural determinado más o menos fijo.
Más tarde, en la fase de gateo, el infante adoptará unas posiciones que representan la continuidad de aquellas que ha adoptado hasta esa edad, con lo que seguirán influyendo unos agentes mecánicos externos de movimiento ,potenciados ahora por los de carga parcial que el gesto de gatear requiere.

Cuando el niño se siente capaz de mantenerse de pie, iniciará tímidamente sus primeros pasos, con las piernas separadas para ampliar su base de sustentación, con un escaso control sobre su movimiento y apoyos, manteniendo el equilibrio de forma precaria.

La posición de partida para la deambulación se produce a partir de un reflejo o estímulo de apoyo, poniendo en marcha unos esquemas aprendidos mediante la repetición de gestos, como el gateo, más los factores anatómicos hereditarios, e incluso los miméticos, que el niño emula al tomarlos como puntos de referencia, por lo que es frecuente que sus gestos recuerden a los de aquellas personas que en cierto modo le han servido de patrón durante su aprendizaje.

Podemos entonces asegurar que un aprendizaje correcto, así como el control de posturas, corrigiendo y evitando las que sean repetitivas o fijas, más el estímulo muscular continuado, representan la base de una buena dembulación.

En esta edad, la mayor separación de las piernas para ampliar la superficie de apoyo hace que el eje de carga no recaiga sobre los metatarsianos segundo y tercero, sino internamente pronando al pie con la consiguiente lateralización y descenso del arco interno. Este efecto se potencia por el desequilibrio de la rodilla en valgo o varo, por la disminución fisiológica los ángulos de torsión bimaleolar y del cuello femoral.
Por un lado su frágil osificación, y por otro la holgura entre los elementos osteocartilaginosos, así como la elasticidad de cápsulas y ligamentos, mantienen el apoyo sobre el borde interno del pie.
Sus mecanismos de propioceptividad, inmaduros, no envían el estado de tensión posicional a los músculos, por lo que tampoco estos pueden reaccionar equilibrando la bóveda. De manera natural, ese frágil esqueleto, ya está protegido por un tejido adiposo plantar abundante, que actúa a modo de cojín hidroneumático, y que no desaparecerá hasta que el esqueleto tenga solidez suficiente.

La secuencia dinámica del paso tampoco será normal, al no existir diferenciados los momentos de apoyo de talón, fase media y despegue, sino comportándose todo como un bloque.
Por ello existe la creencia de que el niño de pequeño tiene los pies planos y que al arco no se hará presente hasta los 2 o 3 años. Sabemos que eso no es cierto y por tanto, mediante las técnicas exploratorias adecuadas, como el examen morfológico, las movilizaciones, las técnicas radiológicas, y simplemente el examen computerizado de la huella, cuando ello es posible, podemos hacer diagnósticos precisos y no dejar a su suerte la evolución de ese pie, por lo que, después, nos puede plantear problemas para reequilibrarlo. Por tanto, el crecimiento se compone de una serie de etapas, y cada una de ellas depende de la anterior y condiciona a la siguiente, y nosotros debemos actuar con criterios coherentes.

figura 2.- Huella obtenida a través de un podómetro óptico, con representación de las zonas de cargas, muy posteriorizadas, y el eje pie-pierna en momento unipodal, mostrando un valgo fisiológico.

figura 3.- Huellas y dinámica de un niño de cuatro años de edad, con sobrecarga selectiva del primer metat. con rotación interna de la rodilla y valguismo, motivado por una insuficiencia de rotadores externos de cadera y una pronacion de mediotarsiana

Paralelamente, si hasta esta edad ha mantenido posiciones prolongadas inadecuadas, ya sea durante el gateo o durante el sueño, éstas seguirán presentes y exageradas con frecuencia , por la repetición unos esquemas posturales insuficientes y un mal control del tono muscular.

Si bien es verdad que gran parte de las alteraciones posturales que el niño pueda presentar antes de caminar, van a desaparecer progresivamente con el tiempo , no es aconsejable relegar siempre a la suerte el que se normalicen , por lo que es conveniente para el futuro desarrollo de la extremidad infantil, que todo el proceso de grabación de esquemas posturales y mecanismos propioceptivos, se halla realizado de forma correcta,pues de lo contrario, la dinámica podría suponer en muchas ocasiones no solo la continuidad de un defecto o deformidad postural, sino su aumento o estabilización inadecuada ,desde el momento que el hueso del niño es una estructura isotrópica, y por tanto adapta su crecimiento a la postura.

Tengamos presente que actualmente, el pie crece y se desarrolla en superficies lisas y uniformes donde hay una falta de estímulos y cambios posturales, y por tanto un gesto y un suelo repetidos en cada apoyo.
Nosotros tenemos que valorar el pie de acuerdo con su momento, su edad, su tiempo de aprendizaje, teniendo en cuenta además el peso, el grado de elasticidad, la genética….,más el hecho de que cada niño puede tener un ritmo diferente, por lo que toda generalización puede ser desafortunada. Creo que si una alteración en los apoyos no evoluciona positivamente, su neutralización mediante cuñas, movilizaciones y estímulos, siempre será una elección acertada.

Ni los niños no tienen los pies planos, ni un pie plano puede volverse cavo, ni toda la patología del pie se limita a pie plano, ni las cosas se corrigen solas, sencillamente evolucionan. Los niños tienen su pie y si existe una alteración dudosa cuanto antes se actúe, mejores resultados obtendremos, y la actuación no se limita a una plantilla. Las cosas pueden ser complicadas ya veces simples, pero acostumbran a ser lógicas.

El equilibro del cuerpo

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